WASHINGTON.— La cancelación de la visa estadounidense de
Andrés Manuel López Beltrán, hijo del ex presidente Andrés Manuel López
Obrador, elevó la tensión entre México y Estados Unidos, sin que exista una
real justificación, ya que López Beltrán es un ciudadano más, cuya situación de
visa no tiene por qué influir en la vida de México y los mexicanos.
López Beltrán
confirmó que Estados Unidos revocó su permiso para ingresar al país y, en una
carta dirigida al presidente Donald Trump, acusó al secretario de Estado, Marco
Rubio, y a Landau de haber ordenado la medida. El político mexicano sostuvo que
no se le presentó evidencia de haber cometido algún acto delictivo o inmoral.
Tras la denuncia, comenzó a circular en redes sociales un
mensaje atribuido a Landau con la advertencia de que las visas estadounidenses
podrían ser revocadas “sin previo aviso”. La publicación ha sido interpretada
como una señal de endurecimiento de la política migratoria y diplomática de
Washington, aunque no existe confirmación oficial independiente de que esa
frase haya sido escrita directamente por el funcionario.
El Departamento de Estado mantiene una política de no
comentar casos individuales relacionados con visas. Un portavoz señaló que cada
decisión sobre una visa constituye un asunto relacionado con la seguridad
nacional, sin revelar las razones específicas de la medida contra López
Beltrán.
La presidente Claudia Sheinbaum calificó la cancelación como
una acción con sentido político y sostuvo que el Gobierno mexicano no abrirá
una investigación contra López Beltrán únicamente porque Estados Unidos haya
decidido retirarle la visa. La mandataria también cuestionó que Washington no
haya presentado públicamente pruebas de alguna conducta delictiva.
