Por: Carlos A. Montaño
- Nada que celebrar: simulación
consumada, el INE deja al IEM sin cabeza y sin rumbo
Después de 68 días de un proceso
presentado como “exhaustivo y riguroso”, el resultado obliga a preguntar: ¿qué
fue lo que realmente evaluó el INE?
Los números son elocuentes. Flor
Juana Mendoza Zárate (ella, con el examen más bajo (7.15)) y Jorge Luis
Hernández Altamirano (él, con un ensayo B-B-C) fueron aprobados por unanimidad;
Ian Aguilar Madrigal (el mismo que propuso crear una figura de fiscalización
que ya existe en el IEM. Ignorancia mayúscula), aprobado por 8 votos contra 3; y
Sandra Nalleli Rangel Jiménez (la exdirectora de Organización Electoral que
supervisó el desastre bajo Ramón Hernández y Humberto Urquiza, cuando se rompió
la cadena de custodia y se cometieron errores garrafales en materia de
materiales y logística electoral. Su ensayo: C-B-B, la peor calificada en
general), también fue aprobada por 10 votos a favor y 1 en contra. Elizabeth
Guadalupe Vega Chávez, propuesta para la presidencia, obtuvo 7 votos a favor y
4 en contra, insuficientes para alcanzar la mayoría calificada.
La paradoja es evidente: el mismo
proceso que calificó como “idóneos” a cuatro perfiles no logró construir el
consenso necesario para quien encabezaría el instituto. Sin embargo, el
problema no termina ahí.
No hubo escrutinio real. Las entrevistas
fueron superficiales, las preguntas evasivas, y los antecedentes
controversiales de los aspirantes quedaron intactos. La consejera Carla Astrid
Humphrey y el consejero Arturo Castillo Loza señalaron la opacidad del
procedimiento, pero sus objeciones no le lavan la cara al INE.
En el discurso, el INE insistió en la
rigurosidad del procedimiento. Sin embargo, las entrevistas dejaron serias
dudas sobre la profundidad del escrutinio: apenas 20 minutos por aspirante para
evaluar trayectoria, antecedentes, conocimiento del IEM, capacidad de
diagnóstico y criterio para enfrentar una crisis institucional. ¿Realmente
puede un ejercicio de esa duración acreditar la idoneidad de quienes habrán de
conducir el árbitro electoral de Michoacán?. Más que una evaluación exhaustiva,
parece un trámite cuidadosamente cronometrado.
La consejera Carla Astrid Humphrey y
el consejero Arturo Castillo Loza expresaron cuestionamientos sobre el
procedimiento y sobre algunos antecedentes. Sus posiciones evidenciaron que ni
siquiera dentro del propio Consejo General existía una lectura uniforme sobre
la calidad de la selección.
El caso de Sandra Nalleli Rangel
Jiménez resulta particularmente significativo. Su experiencia dentro del IEM
debió ser motivo de un escrutinio más profundo respecto de su desempeño y de la
etapa institucional que le correspondió vivir. Su aprobación, por 10 votos
contra 1, vuelve inevitable preguntar si el INE realmente evaluó
responsabilidades, resultados y contexto o si simplemente ponderó trayectoria y
requisitos formales.
Ian Aguilar Madrigal obtuvo la
calificación más alta del examen, 9.30. Sin embargo, una entrevista debe servir
para comprobar algo que un examen escrito no puede medir: criterio,
conocimiento institucional y capacidad para tomar decisiones. Ese es
precisamente otro punto que queda pendiente.
El INE no estaba contratando personal
administrativo ni cubriendo una plaza ordinaria. Estaba integrando el máximo
órgano de dirección del árbitro electoral de Michoacán, responsable de
garantizar imparcialidad, legalidad y certeza en los procesos electorales.
Y cuando una institución electoral
enfrenta una crisis de credibilidad, la vara debe ser más alta, no más baja.
El verdadero problema
El problema de fondo no son
únicamente los perfiles designados, sino el camino que los llevó hasta ahí:
antecedentes cuestionables, designaciones fallidas, renuncias apresuradas,
remociones históricas y un contexto político e institucional en Michoacán que
exige, más que nunca, un árbitro electoral sólido, independiente y creíble.
Si después de 68 días el INE concluye
que estos eran los mejores perfiles disponibles, pero una de sus principales
propuestas no obtiene la mayoría calificada para presidir el instituto,
entonces el proceso dejó de ser una garantía de certeza para convertirse en una
fuente adicional de incertidumbre.
El IEM queda, además, con la
presidencia vacante y con una integración que desde ahora carga con
cuestionamientos sobre la calidad y profundidad del proceso que la produjo. Eso
no fortalece al árbitro electoral.
Lo debilita desde su
origen.
Michoacán se aproxima al proceso
electoral de 2027 y necesita un instituto fuerte, independiente, profesional y
con autoridad moral. No uno cuya legitimidad tenga que comenzar defendiéndose
de las dudas generadas por su propio proceso de designación.
Por eso, no hay nada que celebrar. El
INE tuvo la oportunidad de corregir el rumbo. No lo hizo. Designar estos
perfiles es un fracaso. Solo había una salida digna: declarar desierto el
proceso y ejercer la Facultad de Asunción Total. Cualquier otra vía es simulación
y confirmará que la captura del IEM fue una estrategia. No hay punto medio.
La decisión ya está tomada. Los
verdaderos ganadores saltan a la vista: Arturo Chávez, Jorge Montaño y la vieja
guardia de Bedolla, Ramón Hernández y Humberto Urquiza, que colocaron a su
alfil, Sandra Rangel, para asegurar que la impunidad siga siendo la regla.
La presidenta provisional Selene
Lizbeth González Medina, cuestionada, divisiva, seguirá al frente mientras el
INE decide qué hacer con su propio fracaso.
Ahora corresponde a la ciudadanía de
Michoacán estar atenta y calificar sus consecuencias.
