LILIANA JIMENEZ/LA SUJETA
Charo, Michoacán, 23 de octubre de 2026.— En la calle
Emiliano Zapata, el duelo se extendió hasta afuera de una humilde vivienda.
Bajo una carpa improvisada, en las sillas colocadas para recibir a vecinos y
familiares, se reunían quienes llegaron a acompañar a la familia de Janet.
Dentro permanecía el cuerpo de la joven de 27 años, entre los cantos y las oraciones
de un rosario por su eterno descanso.
La mayoría de los hombres reunidos afuera tomaba cerveza
mientras compartía la tristeza. Su presencia se sumaba a la de quienes rezaban
dentro de la casa: cada uno encontraba una manera de permanecer cerca de una
familia que ahora debía despedir a su hija, a su familiar, sin tener todavía
una explicación completa de lo ocurrido.
Apenas un día antes, Janet había sido encontrada sin vida
dentro de un ropero, en una habitación de su domicilio. Según la información
preliminar, presentaba huellas de violencia y habría sido estrangulada con un
lazo. La Fiscalía investiga su muerte bajo el protocolo de feminicidio.
Quienes la conocían insistían en que era tranquila, que no
se metía con nadie. Lo repetían al hablar de ella y al exigir justicia. En esas
palabras estaba también la dificultad de comprender que aquella joven,
recordada por su carácter apacible, hubiera tenido una muerte violenta.
El dolor salió del barrio de Santiago y llegó al centro de
Charo. Familiares y habitantes se manifestaron y bloquearon la carretera
Morelia–Charo para reclamar el esclarecimiento del caso y la detención de los
responsables.
Durante las protestas, algunos participantes señalaron a
personas relacionadas con los juegos mecánicos instalados en la población. La
Fiscalía no ha confirmado esas acusaciones.
Los inconformes también tomaron la Presidencia Municipal,
donde colocaron coronas, una cruz y veladoras. Las fotografías de Yenne,
distribuidas por las calles del centro, daban rostro a la exigencia de
justicia.
Mientras tanto, en la calle
Emiliano Zapata continuaba el rosario. Afuera, los hombres seguían
reunidos con sus cervezas; adentro, los cantos acompañaban a la joven. Para su
familia, aquella jornada transcurría entre dos necesidades dolorosas: encontrar
fuerzas para despedirla y exigir respuestas sobre quién le quitó la vida y por qué!.
