El abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, identificado como líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), representa un acontecimiento de alto impacto en la dinámica de seguridad en México. Considerado uno de los actores centrales en la expansión territorial y operativa del crimen organizado en la última década, su muerte no solo tiene implicaciones simbólicas, sino también estratégicas en el equilibrio de poder criminal.
Diversos análisis sobre organizaciones criminales en México
sostienen que la neutralización de líderes no necesariamente implica el
debilitamiento estructural de los grupos delictivos (InSight Crime, 2023). Por
el contrario, en múltiples precedentes históricos, la fragmentación o los
reacomodos internos han derivado en incrementos temporales de violencia debido
a disputas por el control territorial y las rutas de tráfico ilícito. Este
fenómeno ha sido descrito como “violencia de sucesión”, en la que facciones
internas buscan consolidar legitimidad mediante demostraciones de fuerza.
En el plano operativo, la respuesta inmediata tras la caída
de un liderazgo suele incluir bloqueos carreteros, ataques a infraestructura
estratégica y acciones destinadas a generar presión mediática y política. De
acuerdo con informes previos de la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA,
2022), este tipo de reacciones forman parte de estrategias de intimidación
dirigidas tanto al Estado como a la población civil. Dichas acciones buscan
proyectar capacidad operativa incluso en contextos de vulnerabilidad
organizacional.
En el ámbito internacional, la figura de Oseguera Cervantes
había sido señalada por la U.S. Department of State (2023) como uno de los
principales objetivos en la cooperación bilateral contra el narcotráfico. Por
ello, su abatimiento también tiene repercusiones diplomáticas y refuerza la
narrativa de coordinación en materia de seguridad entre México y Estados
Unidos. Sin embargo, la literatura especializada advierte que los golpes
tácticos deben acompañarse de políticas sostenidas de fortalecimiento
institucional para evitar ciclos recurrentes de violencia (Astorga, 2015).
Desde una perspectiva estructural, el verdadero desafío
radica en impedir que el vacío de poder se traduzca en disputas internas o en
la expansión de otros grupos criminales. La experiencia comparada en México
demuestra que la estabilidad posterior a la caída de un líder depende de la
capacidad del Estado para mantener presencia territorial, fortalecer las
policías locales y garantizar procesos judiciales eficaces (Flores Pérez,
2019).
En síntesis, la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes
constituye un punto de inflexión en la política de seguridad mexicana. No
obstante, sus efectos a mediano plazo dependerán menos del impacto simbólico
del acontecimiento y más de la capacidad institucional para contener reacciones
violentas, prevenir fragmentaciones y consolidar el Estado de derecho./www.theglobaltimes.us/E.Esglotac
