Economía mexicana: entre la estabilidad de los indicadores y la incertidumbre de los hogares
E. ESGLOTAC
Durante los
últimos años, el discurso oficial ha insistido en destacar cifras que, en
efecto, resultan positivas. La estabilidad del tipo de cambio frente al dólar,
los niveles históricos de empleo formal registrados por el Instituto Mexicano
del Seguro Social, el crecimiento sostenido de las remesas enviadas por los
mexicanos que trabajan en el extranjero y el incremento de la inversión
derivada del fenómeno conocido como nearshoring son elementos que, el oficialismo
presenta como parte del panorama económico nacional.
Sin embargo,
limitar el análisis únicamente a esos indicadores sería ignorar la realidad
cotidiana de millones de ciudadanos que continúan enfrentando dificultades para
llegar al final de la quincena.
La economía
no se mide solamente por el comportamiento de los mercados financieros o por el
desempeño del peso frente a otras monedas. También se mide por el poder
adquisitivo de las familias, por la capacidad para adquirir una vivienda, por
el costo de la canasta básica, por el acceso a servicios de salud, por la
posibilidad de ahorrar y, sobre todo, por la percepción que tienen los
ciudadanos sobre su futuro económico.
Una
inflación que dejó huella
Aunque la
inflación comenzó a moderarse después de los niveles extraordinarios registrados
tras la pandemia de COVID-19, sus efectos siguen presentes en la economía
familiar.
Los precios
de los alimentos, medicamentos, transporte, servicios y vivienda aumentaron
considerablemente durante varios años, mientras que los ingresos de buena parte
de la población crecieron a un ritmo menor.
En términos
sencillos, muchas familias hoy ganan más dinero que hace cinco años, pero
también pagan mucho más por prácticamente todo lo que consumen.
Esta
situación explica por qué, aun cuando diversos indicadores pudieran mostrar
estabilidad, una parte importante de la población continúa sintiendo que el
dinero alcanza para menos.
El fenómeno
del "superpeso"
Uno de los
acontecimientos más comentados ha sido el fortalecimiento del peso mexicano
frente al dólar.
Durante
décadas, la depreciación de la moneda nacional era prácticamente una constante.
Hoy ocurre algo distinto: el peso se convirtió en una de las monedas con mejor
desempeño frente al dólar durante varios periodos recientes, pero esto no
alivia la vida precaria de millones de mexicanos.
Las razones
son diversas
Por un lado,
las altas tasas de interés establecidas por el Banco de México hicieron
atractivo invertir en instrumentos financieros denominados en pesos. A ello se
sumó la llegada de capitales extranjeros, el incremento de las exportaciones
manufactureras, el crecimiento de las remesas y una mayor confianza de los
mercados en la disciplina fiscal del país.
No
obstante, un peso fuerte también genera efectos secundarios.
Mientras
beneficia a quienes importan mercancías o adquieren productos del extranjero,
reduce la competitividad de algunos exportadores y disminuye el valor en pesos
de las remesas que reciben millones de familias mexicanas.
Como ocurre
casi siempre en economía, no existen soluciones perfectas ni fenómenos
completamente positivos o negativos.
Nearshoring:
una oportunidad histórica
La
reconfiguración de las cadenas globales de suministro ha colocado a México en
una posición privilegiada, aunque esta situación cambia, desafortunadamente,
todo indica que la oportunidad se está perdiendo.
Las
tensiones comerciales entre Estados Unidos y China llevaron a numerosas
empresas internacionales a buscar nuevos destinos para instalar parte de su
producción, favoreciendo a países cercanos al mercado estadounidense.
México reúne
condiciones que pocos países pueden ofrecer simultáneamente: una ubicación
geográfica estratégica, un tratado comercial sólido (hasta hace poco) con
Estados Unidos y Canadá, experiencia manufacturera y una fuerza laboral
altamente especializada.
El llamado
nearshoring representa probablemente la mayor oportunidad económica para el
país desde la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio hace más de tres
décadas, oportunidad que se está desvaneciendo.
Sin
embargo, aprovechar esa oportunidad exige resolver problemas estructurales.
La
insuficiencia de infraestructura carretera y ferroviaria, la limitada
disponibilidad de energía eléctrica en algunas regiones, la escasez de agua, la
inseguridad y la incertidumbre jurídica continúan siendo factores que influyen
en las decisiones de inversión.
La deuda
pendiente: el crecimiento económico
México ha
logrado mantener estabilidad financiera, pero todavía enfrenta el desafío de
crecer de manera sostenida.
Durante
muchos años, la economía mexicana ha registrado tasas de crecimiento relativamente
modestas cuando se comparan con otras economías emergentes.
El reto no
consiste únicamente en crecer un año determinado, sino en mantener un ritmo
constante que permita generar empleos de calidad, elevar los salarios reales y
reducir la pobreza mediante el aumento de la productividad.
Sin
crecimiento sostenido resulta prácticamente imposible mejorar el nivel de vida
de la población.
Las
pequeñas empresas siguen siendo el motor
Con
frecuencia el debate económico se concentra en las grandes inversiones
multinacionales, pero la realidad demuestra que la mayor parte del empleo en
México continúa siendo generado por las pequeñas y medianas empresas.
Miles de
negocios familiares sostienen diariamente la economía nacional.
Son ellos
quienes enfrentan mayores dificultades para acceder al financiamiento, cumplir
con obligaciones fiscales, soportar aumentos en los costos de operación y
competir en mercados cada vez más complejos.
Fortalecer
este sector debería convertirse en una prioridad permanente de cualquier
política económica.
La
incertidumbre también cuesta
Los
inversionistas toman decisiones considerando múltiples variables.
La
estabilidad política, el respeto al Estado de derecho, la independencia de las
instituciones, la seguridad pública y la certeza jurídica forman parte del
ambiente económico.
Cada vez que
existe incertidumbre sobre las reglas del juego, numerosos proyectos de
inversión optan por esperar antes de comprometer recursos.
La confianza
constituye uno de los activos más importantes de cualquier economía.
Los retos
del próximo sexenio
México
enfrenta desafíos que no podrán resolverse mediante discursos optimistas ni
mediante visiones excesivamente pesimistas.
Será
indispensable consolidar las finanzas públicas, fortalecer la infraestructura,
ampliar la generación de energía, mejorar la seguridad, impulsar la innovación
tecnológica, elevar la calidad educativa y aprovechar plenamente las
oportunidades derivadas del nearshoring.
También será
necesario impulsar políticas que permitan reducir la desigualdad regional.
Mientras algunas entidades muestran un dinamismo industrial importante, otras
continúan enfrentando rezagos históricos que limitan su desarrollo.
Reflexión final
La economía
mexicana no atraviesa una crisis como las que marcaron décadas pasadas, pero
tampoco vive un periodo de prosperidad generalizada.
Conviven
señales positivas con problemas estructurales que aún permanecen sin resolver.
Los mercados
pueden celebrar la fortaleza del peso; los gobiernos pueden presumir cifras de
empleo; los organismos internacionales pueden reconocer la estabilidad
macroeconómica. Sin embargo, el verdadero termómetro económico seguirá estando
en los hogares mexicanos.
Cuando una familia
pueda comprar más con su salario, acceder a una vivienda digna, ahorrar para el
futuro, emprender un negocio con menores obstáculos y vivir con tranquilidad,
entonces podremos afirmar que el crecimiento económico dejó de ser una
estadística para convertirse en bienestar.
Porque al
final, la economía no existe para que los indicadores luzcan bien en los
informes gubernamentales. Existe para mejorar la vida de las personas. Ese
sigue siendo el desafío pendiente de México.
