Economía

 Economía mexicana: entre la estabilidad de los indicadores y la incertidumbre de los hogares

E. ESGLOTAC


Julio, 2026.- Hablar de la economía mexicana en la actualidad obliga a hacer una distinción que con frecuencia se pierde en el debate público: una cosa es la economía que muestran los indicadores macroeconómicos y otra muy distinta la economía que viven diariamente millones de familias.

Durante los últimos años, el discurso oficial ha insistido en destacar cifras que, en efecto, resultan positivas. La estabilidad del tipo de cambio frente al dólar, los niveles históricos de empleo formal registrados por el Instituto Mexicano del Seguro Social, el crecimiento sostenido de las remesas enviadas por los mexicanos que trabajan en el extranjero y el incremento de la inversión derivada del fenómeno conocido como nearshoring son elementos que, el oficialismo presenta como parte del panorama económico nacional.

Sin embargo, limitar el análisis únicamente a esos indicadores sería ignorar la realidad cotidiana de millones de ciudadanos que continúan enfrentando dificultades para llegar al final de la quincena.

La economía no se mide solamente por el comportamiento de los mercados financieros o por el desempeño del peso frente a otras monedas. También se mide por el poder adquisitivo de las familias, por la capacidad para adquirir una vivienda, por el costo de la canasta básica, por el acceso a servicios de salud, por la posibilidad de ahorrar y, sobre todo, por la percepción que tienen los ciudadanos sobre su futuro económico.

 

Una inflación que dejó huella

 

Aunque la inflación comenzó a moderarse después de los niveles extraordinarios registrados tras la pandemia de COVID-19, sus efectos siguen presentes en la economía familiar.

Los precios de los alimentos, medicamentos, transporte, servicios y vivienda aumentaron considerablemente durante varios años, mientras que los ingresos de buena parte de la población crecieron a un ritmo menor.

En términos sencillos, muchas familias hoy ganan más dinero que hace cinco años, pero también pagan mucho más por prácticamente todo lo que consumen.

 

Esta situación explica por qué, aun cuando diversos indicadores pudieran mostrar estabilidad, una parte importante de la población continúa sintiendo que el dinero alcanza para menos.

 

El fenómeno del "superpeso"

 

Uno de los acontecimientos más comentados ha sido el fortalecimiento del peso mexicano frente al dólar.

Durante décadas, la depreciación de la moneda nacional era prácticamente una constante. Hoy ocurre algo distinto: el peso se convirtió en una de las monedas con mejor desempeño frente al dólar durante varios periodos recientes, pero esto no alivia la vida precaria de millones de mexicanos.

 

Las razones son diversas

 

Por un lado, las altas tasas de interés establecidas por el Banco de México hicieron atractivo invertir en instrumentos financieros denominados en pesos. A ello se sumó la llegada de capitales extranjeros, el incremento de las exportaciones manufactureras, el crecimiento de las remesas y una mayor confianza de los mercados en la disciplina fiscal del país.

 

No obstante, un peso fuerte también genera efectos secundarios.

 

Mientras beneficia a quienes importan mercancías o adquieren productos del extranjero, reduce la competitividad de algunos exportadores y disminuye el valor en pesos de las remesas que reciben millones de familias mexicanas.

Como ocurre casi siempre en economía, no existen soluciones perfectas ni fenómenos completamente positivos o negativos.

 

Nearshoring: una oportunidad histórica

La reconfiguración de las cadenas globales de suministro ha colocado a México en una posición privilegiada, aunque esta situación cambia, desafortunadamente, todo indica que la oportunidad se está perdiendo.

Las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China llevaron a numerosas empresas internacionales a buscar nuevos destinos para instalar parte de su producción, favoreciendo a países cercanos al mercado estadounidense.

México reúne condiciones que pocos países pueden ofrecer simultáneamente: una ubicación geográfica estratégica, un tratado comercial sólido (hasta hace poco) con Estados Unidos y Canadá, experiencia manufacturera y una fuerza laboral altamente especializada.

El llamado nearshoring representa probablemente la mayor oportunidad económica para el país desde la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio hace más de tres décadas, oportunidad que se está desvaneciendo.

 

Sin embargo, aprovechar esa oportunidad exige resolver problemas estructurales.

 

La insuficiencia de infraestructura carretera y ferroviaria, la limitada disponibilidad de energía eléctrica en algunas regiones, la escasez de agua, la inseguridad y la incertidumbre jurídica continúan siendo factores que influyen en las decisiones de inversión.

 

La deuda pendiente: el crecimiento económico

 

México ha logrado mantener estabilidad financiera, pero todavía enfrenta el desafío de crecer de manera sostenida.

Durante muchos años, la economía mexicana ha registrado tasas de crecimiento relativamente modestas cuando se comparan con otras economías emergentes.

El reto no consiste únicamente en crecer un año determinado, sino en mantener un ritmo constante que permita generar empleos de calidad, elevar los salarios reales y reducir la pobreza mediante el aumento de la productividad.

Sin crecimiento sostenido resulta prácticamente imposible mejorar el nivel de vida de la población.

 

Las pequeñas empresas siguen siendo el motor

 

Con frecuencia el debate económico se concentra en las grandes inversiones multinacionales, pero la realidad demuestra que la mayor parte del empleo en México continúa siendo generado por las pequeñas y medianas empresas.

 

Miles de negocios familiares sostienen diariamente la economía nacional.

 

Son ellos quienes enfrentan mayores dificultades para acceder al financiamiento, cumplir con obligaciones fiscales, soportar aumentos en los costos de operación y competir en mercados cada vez más complejos.

Fortalecer este sector debería convertirse en una prioridad permanente de cualquier política económica.

 

La incertidumbre también cuesta

 

Los inversionistas toman decisiones considerando múltiples variables.

La estabilidad política, el respeto al Estado de derecho, la independencia de las instituciones, la seguridad pública y la certeza jurídica forman parte del ambiente económico.

Cada vez que existe incertidumbre sobre las reglas del juego, numerosos proyectos de inversión optan por esperar antes de comprometer recursos.

La confianza constituye uno de los activos más importantes de cualquier economía.

 

Los retos del próximo sexenio

 

México enfrenta desafíos que no podrán resolverse mediante discursos optimistas ni mediante visiones excesivamente pesimistas.

 

Será indispensable consolidar las finanzas públicas, fortalecer la infraestructura, ampliar la generación de energía, mejorar la seguridad, impulsar la innovación tecnológica, elevar la calidad educativa y aprovechar plenamente las oportunidades derivadas del nearshoring.

También será necesario impulsar políticas que permitan reducir la desigualdad regional. Mientras algunas entidades muestran un dinamismo industrial importante, otras continúan enfrentando rezagos históricos que limitan su desarrollo.

 

Reflexión final

 

La economía mexicana no atraviesa una crisis como las que marcaron décadas pasadas, pero tampoco vive un periodo de prosperidad generalizada.

Conviven señales positivas con problemas estructurales que aún permanecen sin resolver.

Los mercados pueden celebrar la fortaleza del peso; los gobiernos pueden presumir cifras de empleo; los organismos internacionales pueden reconocer la estabilidad macroeconómica. Sin embargo, el verdadero termómetro económico seguirá estando en los hogares mexicanos.

Cuando una familia pueda comprar más con su salario, acceder a una vivienda digna, ahorrar para el futuro, emprender un negocio con menores obstáculos y vivir con tranquilidad, entonces podremos afirmar que el crecimiento económico dejó de ser una estadística para convertirse en bienestar.

Porque al final, la economía no existe para que los indicadores luzcan bien en los informes gubernamentales. Existe para mejorar la vida de las personas. Ese sigue siendo el desafío pendiente de México.